Sinceramente, todo el día se sintió fácil y sin prisas, que era exactamente lo que necesitábamos con los niños. Nuestro conductor llegó puntual al hotel, la furgoneta estaba impecable y había botellas de agua frías preparadas, un detalle pequeño pero muy bien recibido después de caminar con la fresca brisa otoñal. Marcamos nuestro propio ritmo, deteniéndonos más tiempo donde los niños querían y saltándonos lugares cuando se cansaban, y el conductor nunca nos apuró. El único inconveniente fue un poco de tráfico cerca del centro de la ciudad, así que una de nuestras paradas previstas fue más corta de lo que esperábamos, pero en general el trayecto fue cómodo y el horario se sintió muy flexible.