Cem, el conductor, ya me estaba esperando en la sala de llegadas con un cartel claro con mi nombre, lo cual fue muy reconfortante después de un largo vuelo. El coche estaba impecable, con aire acondicionado, y el agua de cortesía fue un pequeño pero bienvenido detalle en una fresca tarde de otoño. El viaje fue suave y directo a mi hotel en la Ciudad Vieja, sin cargos sorpresa por el equipaje. Tuve que esperar unos diez minutos para que el coche llegara a la acera, pero todo lo demás estaba tan bien organizado y sin estrés que apenas importó.