Lo primero que me llamó la atención al bajar del autobús fue el olor salado del mar Negro y el sonido de las olas bajo una suave brisa primaveral. Fui con un grupo grande, y desde el principio todo se sintió muy relajado. El acceso a la playa con tumbonas y sombrillas ya colocadas fue una gran ventaja, así que solo dejamos nuestras cosas y fuimos مباشرة al agua. Mi momento favorito fue sentarme con un café para llevar y un simit, viendo a los lugareños jugar con sus hijos cerca de la orilla. Nuestro guía compartió pequeñas historias sobre el antiguo pueblo pesquero, no como una clase, sino como si estuviera charlando con un amigo. La única desventaja fue que tuvimos que esperar un poco a que la piscina se despejara cuando llegó de golpe mucha gente, pero no fue gran cosa. Para un día sencillo lejos del ruido de Estambul, esto era exactamente lo que necesitaba.